Día 9. Libertad

Estimadas camaradas,

Hoy hemos despertado a la vez que el sol para abandonar, con mucha tristeza, Santolaya de Cabranes. Después del desayuno y de una última foto en grupo, hemos iniciado la que sería nuestra última gran etapa en bici. Por lo que se comentaba, teníamos por delante una increíble subida con un desnivel escalofriante. Para irnos haciendo a la idea, la ruta comenzó con una bajada muy larga y acompañada de un paisaje brutal: los rayos del sol naciente encendiendo los árboles del bosque que todavía no habían sido atrapados por una densa niebla. La bajada fue muy satisfactoria y nos espabiló para lo que quedaba por delante.

Lo confesamos: la temida cuesta arriba que se nos había prometido fue un poco chorrada. Pudimos con ella con mucha fuerza de grupo y con el apoyo de nuestras más fieles acompañantes: nuestras curtidas bicicletas. También, como siempre, un increíble panorama de bosques, altos árboles y vacas en praus servía de escenario perfecto para el pedaleo. Pronto se comenzó a oler la costa. A medida que nos acercábamos al mar y a la ría de Villaviciosa, el aire se hacía más denso. Señales indicando las playas comenzaban a aparecer por el camino, lo cual también nos motivó bastante a seguir dándole caña a la ruta. Acabamos llegando a nuestro destino: Argüero, en el concejo de Villaviciosa. Allí nos esperaba el Ecomuséu Ca L’Asturcón, donde nos recibieron dos personas que tenían mucho que contarnos. Daniele y Severino a lo largo de su vida han vivido a caballo entre Suiza y España, pero su asentamiento, en Asturias, llegó para encontrarse precisamente con los caballos asturianos, llamados asturcones. Se podría decir que llevan cuarenta años construyendo el Ecomuséu Ca L’Asturcón, porque este no empezó como tal y la evolución de su proyecto fue de la mano del transcurso del turismo en España.

Severino y Daniele abrieron la primera casa rural en Asturias, en los años 90. Justo por ahí empezó a estar a tope el turismo rural, y esto les hizo darse cuenta de que su idea no tenía ni quería tener nada que ver con el modelo urbanita que concibe el campo como un lugar para domingueros. «Casi morimos de éxito», decían. Pero esto les hizo tomar las riendas para desmarcarse de ese boom (que luego explotaría) y reafirmarse en el proyecto que ya estaba rodando. Siempre tuvieron la idea de integrar la artesanía en su forma de vida rural, y por ahí ya iba asomando la idea de ecomuseo que actualmente está asentada. Desde el espacio donde desarrollan su actividad han nacido proyectos muuuy chulos e interesantes, que (spoiler) tuvimos la sorpresa de conocer y disfrutar de primera mano.

Son autodidactas, pero nos confirman que en grupo te animas a hacer más cosas, como por ejemplo «Con xaldas y a lo loco«, que es un grupo de laneras que se niega a que la lana de las ovejas sea considerada un residuo. ‘Xalda’ es la raza local de oveja y significa aldeano/a. Nos contaron que cuando la industria textil española se empezó a ver sustituida por la fast fashion, global, descentralizada y absorbida por monopolios, la manufactura de lana fue dejada de lado. La oveja fue domesticada y seleccionada precisamente para vestirnos con su lana, y sin embargo hoy vestimos de plástico y la lana la quemamos. ¿Tiene eso algún sentido? A parte de un resquicio de uso con exportaciones a China, tras la pandemia empezaron a proliferar boquetes en los que se enterraba lana para deshacerse de ella. Nos ha dado una pena tremenda, y por eso hemos disfrutado tanto de participar en el proceso de darle vida y valor a algo que permite crear prendas de ropa que duran más que nuestra vida entera: mantas, fieltro, alfombras, y muchas de otras ideas que vimos en el propio museo. También están emergiendo más proyectos que van en esta línea. Ahora que estamos con las bicis nos recomendaron echarle un vistazo a los proyectos Mutur Beltz, y Walkers’ Wool, pero os animamos a que allá donde viváis echéis un ojo porque seguro que hay proyectos ecológicos alrededor de la lana.

“Con xaldas y a lo loco» realizan el proceso entero, desde la oveja al jersey, pasando por el esquilado (que no es opcional, sino necesario para el bienestar del animal), el tratamiento de la lana y, entre muchas fases, tiempo y dedicación, nuestra parte preferida: el procesado de la lana. Nos ha flipado su huerta de plantas tinteras. Nos ha parecido todo un arte. Además, con su enorme labor han hecho mucho por el bien de la biodiversidad: su parcela ahora es el hogar de ovejas xaldas, cabras bermellas, gochos asturceltas, gallinas pintas asturianas, ponis asturcones y muchos muchos árboles. Nos dijeron que han seguido la recomendación de tener unos 12 por persona, para la renovación del aire, y como llevan haciéndolo más o menos desde que empezaron, no os podéis imaginar la cantidad de sombra que tienen en la parcela. Aprende Almeida!!! También han extraído más de 600 kg de plástico de la parcela.

Después salimos de la finca y fuimos a ver a los asturcones Tilo, Rolan, Seronda, Yesca y a la burra Flequi. Nos conquistaron. Nos recibieron casi con tanta curiosidad como cariño. Como podéis ver en esta foto, estaban súper mimosos y recibieron tantas caricias que se empezaron a quedar dormidos. Del poquito rato que estuvimos aprendimos muchísimas cosas, como que se duermen cabeza con cola para espantarse las moscas mutuamente. Confirmamos que tenemos muchísimos valores que aprender de los animales. Este proyecto está a años luz de la relación antropocentrista que mucha gente tiene hacia los animales. Daniele nos ha advertido, por ejemplo, de lo dañino que es para los caballos cargar con peso en su espalda si no se hace debidamente. Nos ha dicho que si alguna vez queremos montar a caballo lo hagamos en Redes con caballos, que lo hacen con consciencia y conocimiento. Nos ha conmovido el cariño que le ponen a cuidarlos y observarlos con respeto, es decir, como merecen. Y otra cosa, ¡¡nunca déis de comer a los caballos!! Un alimento indebido puede conllevar un cólico y ser letal para ellos. También nos ha recomendado a Lucy Rees si queremos seguir aprendiendo del comportamiento de los caballos.

Tras abandonar a Fleki y al resto de asturcones, hemos retomado nuestro camino, con un rumbo incierto pero cercano y prometedor. Cuando subíamos una inesperada cuesta, y estábamos a cuatro pedaladas de desmotivarnos y plantar un pie en el suelo, ha llegado el ramalazo de ilusión que necesitábamos. Se vislumbraba a lo lejos el mar. No hubo que hilar muchos cabos para adivinar la sorpresa: en la Ría de Villaviciosa, la Playa del Puntal nos estaba esperando. Hemos comido tan ricamente en una mesita de pícnic y después las más calientes (es decir, casi todas) han sustituido la siesta por un buen bañito. Y eso que al final el sol por respetar nuestras cuesta arriba se ha quedado dormido y ha hecho fresco. Llámalo ducha, reto o entrenamiento shaolín, pero son una panda de valientes.

Acto seguido nos fuimos a Villaviciosa. El camino paralelo a la ría fue muy agradable, casi tanto como el heladito de la quesería artesanal Los Caserinos que nos tomamos (recomendación de Mario), y con el que entramos por la puerta a la presentación de Rural Forks en el Espacio Joven Villaviciosa, situado en el Ateneo Obrero.. Este encuentro fue muy enriquecedor, porque asistieron personas que comparten el gusto por la bici y por construir un mundo más sostenible, entre ellas una participante de la primera edición de Rural Forks, que compartió lo mucho que le influyó a dar el paso para introducirse en el proyecto rural en el que ahora está (La Sirviella), y miembros de la asociación Asturies ConBici, que pertenece a ConBiciRed, la Coordinadora nacional en defensa de la bicicleta. ¡Echadle un vistazo porque hay actividades por todo el país!

Con toda la gratificación después de contar nuestra experiencia y que sea tan bien recibida, echamos un ping-pong, nos asomamos a la verbena y nos fuimos de cenorrio a un restaurante. Así nos las gastamos, sí, pero no os penséis que dejamos de lado nuestra misión. Por el camino nos convertimos en una masa crítica, al ritmo de ¡Menos Mercadona y más Güerta Monga!, ¡Xata La Rifa es tu artista!, ¡Menos nocilla, más Asturcilla! Después de apoyar el consumo de la sidra, producto local y artesanal, nos fuimos a casa. Bueno, vale, no es nuestra, pero ojalá lo fuera. La Llamarga es un albergue de peregrinaje que ofrece hospedaje al precio de la voluntad, y es una pasada. Nos visualizamos viviendo aquí todas juntas, en comunidad. De hecho, ronda la idea de alargar esto un poquito… y que de un viaje pasemos a nuestro nuevo proyecto vital… Veremos a ver qué sale de esto.

Nos despedimos por hoy, camaradas, que la sidra ya está descorchada y un paisano nos ha dicho que si esperas mucho no vale pa na’.

¡A vuestra salud!



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