Día 9. La guinda del pastel

134.8 Km acumulados – Sabayés

Suenan campanadas en la colegiata de Bolea marcando las siete y media de la mañana. Con este sonido repetitivo se van despertando les Rural Forkers y poco a poco se van preparando para salir. La colegiata, protagonista de hoy, ve como van saliendo del nuevo albergue de peregrinos del pueblo, con un ritmo tranquilo pero incesante como gotas de agua saliendo de un grifo. Poco a poco va creciendo el número de ciclistas, y cuando ya están todos, les ve dirigirse a los campos de cerezos y almendros de Mallata Gratal.

La colegiata oye a lo lejos sus voces, ve cómo Valeria, directora de Mallata Gratal, les explica el funcionamiento de la iniciativa. A estes jóvenes les parece muy interesante que tengan una economía circular, con un sistema holístico. Tienen ovejas con las que gracias a su leche hacen queso, y ellas mismas son las que abonan y desbrozan los campos de frutales, que dan cerezas y almendras. A su vez estas últimas son vendidas en restaurantes y en su propia tienda, además las almendras son aprovechadas para hacer harina con la que elaboran otros postres.

Más adelante, la colegiata se entusiasma al ver que estos seres se van acercando al pueblo, y por lo tanto a ella. Una vez han llegado a sus pies, les ve entrar en la panadería de Mallata Gratal, desde la que salen deliciosos olores a pan recién hecho y dulces artesanales que alimentan el alma. Y es que ahí trabaja Ángela, quien con gran amor elabora de forma artesanal y con uno de los últimos hornos de leña de todo Aragón, grandes hogazas de pan, tortas de anís y bizcochos de cereza que son la delicia de todo Bolea. A los Rural Forkers también se les hace la boca agua con la pequeña degustación que les ha preparado, incluso algunos de ellos se han preparado a hacer sus primeras hogazas de pan ¡Qué gente más curiosa!

Es un aprendizaje para las Rural Fokers ver otro modelo de negocio, que menos basado en la subsistencia, ha requerido una inversión muy grande para empezar a desarrollarse. Así, vemos que en el medio rural hay todo tipo de formas de emprender. Pero la visita no acaba ahí, y la colegiata está muy feliz de que no se vayan del pueblo sin hacerle una pequeña visita a su interior, junto con una explicación histórica de sus murales. Después de esta magnífica visita, se despide con gran pesar de estos maravillosos viajeros, que se dirigen a dormir una merecida siesta. Ya por la tarde, con las nubes amenazando tormenta, la colegiata les ve poco a poco desaparecer por el horizonte en tres grupos diferenciados, el primero, de Edurne, dispuesto a atravesar ríos y senderos, el segundo, el de Bea, el más zen aunque con problemas estomacales como protagonista, y por último, el de Ana, con gritos de ¡B, R, A, V, O!, ¡DISPERSIÓN! como himno. Se van hacia Sabayés que será la última parada de esta ruta.

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