Día 5. Batura

Estimadísimas compañeras,

Ha sido complicado abandonar nuestro querido polideportivo de Bimenes. Aún así se respiraba bastante entusiasmo por el día, a pesar de las pequeñas lluvias que han acompañado el amanecer. 

Nada más desayunar, hemos calentado y nos hemos dividido en escuadrones ciclistas. Nuestro siguiente objetivo: Monga. Teníamos por delante una etapa más relajada que la de ayer y eso, junto con la satisfacción de que lo que hicimos no fue poca cosa, nos ha puesto de buen humor. Solo nos separaban 12 km de la Güerta Monga.

Estos días que están más lluviosos lo hemos notado con las bicis. Chubasquero para dentro, chubasquero para fuera y algún charco. En el trayecto nos hemos acordado bastante de lo del derecho y el revés de la cubierta. Cuando no está bien puesta, al pasar por charcos, el agua en vez de ir hacia fuera te viene a ti. Hemos tenido que pasar por mojarnos hasta la cara para decidir que merecía la pena darle la vuelta al neumático. Os animamos a que lo pongáis con la flechita mirando hacia detrás si no queréis formar parte del Equipo Salpicón, en el que estamos varias de nosotras.

Hoy a Miri le ha dado por chupar codos. Nos preparó un juegazo transversal para todo el viaje y la pobre se quedó sin poder jugarlo. Su sed de jugar le ha llevado a buscar nuevos horizontes. Entre juegos y risas también continúan nuestras visitas a las iniciativas seleccionadas. La de hoy os va a gustar especialmente.

‘Batura’ en asturiano significa espacio vital. “Representa a nuestro proyecto porque la agricultura es un trabajo y una forma de vida, de estar en el mundo” nos explicaron Paula y Antón al hablar sobre «La Güerta Monga», una iniciativa que definen como agroecología transformadora y que llevan a cabo desde 2020. La actividad del proyecto se diversifica en varios ejes, una huerta de temporada, árboles frutales (peras y manzanas), y flores de corte para ramos. Además, también utilizan el espacio para realizar diferentes eventos socioculturales, como presentaciones de libros y mesas redondas, os dejamos aquí su Facebook e Instagram para que podáis tenerlas bien localizadas. Bajo la convicción de humanizar las relaciones entre consumidoras y vendedoras, ofrecen sus productos únicamente por dos vías, los lunes por venta directa en su finca y los martes en el mercado de La Pola de Siero. Reivindican la venta en las plazas como una acción política, que les permite al mismo tiempo mantener y fomentar el uso de espacios públicos para la vida social cotidiana y visibilizar el trabajo ecológico y local. Cuando nos relataron qué les inspiró para llevar a cabo su propuesta, Paula nos explicó cómo, a raíz de ser maestra de asturianu en el mundo rural, pudo conocer lo desvalorizado socialmente que está el trabajo que se lleva a cabo en este. «Puedes estudiar para ser astronauta, pero en la escuela no te van a enseñar a ser agricultor o pastor» recalcaba.  Por su parte, Antón, químico de formación, nos explicó con su propio ejemplo cómo se anima a la juventud a salir del pueblo, formarse y buscar trabajos no vinculados a la tierra.

Además, mientras estábamos hablando de estos orígenes y del recorrido de La Güerta, nos destacaron que «mantener un proyecto así es viable, pero iniciarlo no«, en referencia a la dificultad burocrática y ausencia de subvenciones públicas suficientes. Al explicarnos el funcionamiento de la PAC, nos resultó muy sorprendente conocer el problema de inflación de la tierra y aprendimos que el dinero de la ayuda se reparte según el número de cabezas de ganado o hectáreas que tengas, dejándose de lado el tipo de proyecto que se está financiando y el impacto que tenga la actividad. Y, por lo tanto, beneficiando a grandes casas propietarias de terrenos y perjudicando a proyectos familiares o locales. «Más del 50% de los fondos de la PAC están en los despachos de Madrid».

Por último queríamos destacar que durante toda la visita tuvimos una anfitriona muy especial a parte de Antón y Paula, Duli, la hija de ambas. Se encargó de guiarnos con maestría a través de toda la parcela y de encontrar y ofrecernos deliciosas verduras y frutos. ¡Nuestras tripas estuvieron muy contentas durante todo el encuentro!

Justo después de llenar el buche, emprendimos el viaje hacia nuestro siguiente campamento. Nos dirigimos hacia Piloña, concretamente a la villa de Infiesto. El camino estuvo cargado de adrenalina, una subida intensa bajo una lluvia suave nos abría la ruta, que después auguraba una larga bajada por carretera sobre la que nos hemos aventurado a gran velocidad y a la par que coches, furgonetas y camiones. Fue muy divertido, aunque hubo algún pequeño accidente aislado (ya en zonas más seguras). Estos pequeños inconvenientes nos recordaban que podemos caer en cualquier momento, da igual carretera o garaje, velocidad o paseo.

Habíamos llegado a nuestro punto de control, el albergue El Prial, de Infiesto. Muchas duchas y una comida increíble (como siempre) nos daban la bienvenida al lugar que habitaríamos durante las próximas dos noches. Fue entonces cuando recibimos una prometedora noticia. Justo esa noche, en la Maléfica, un chigre cercano asociado a una importante iniciativa de la que os hablaremos más adelante (os compartimos su Facebook e Instagram para que no os perdáis ninguno de sus eventos), había un concierto del grupo La Guinda. No nos lo queríamos perder bajo ningún concepto. Teníamos ganas de parar y de disfrutar el aire y la vida locales, así que hemos organizado todo nuestro trabajo por hacer para poder cenar y disfrutar de una velada festiva cargada de emoción y cohesión grupal. Ha sido una noche inolvidable entre juegos, música, ambiente, intentos fallidos de escanciar la sidra (y otros no tan fallidos), pogos, abrazos y diálogo con las personas locales. La noche ha sido mágica, y no os contamos más porque lo que queda han sido momentos y sentimientos que se escapan a las palabras. 

Después del intenso viaje emocional de todo el día, algunas han pensado que todavía echaban en falta un poco más de aventura, y se han dado una pequeña zambullida en el río a altas horas de la noche. Dicen que recomiendan mucho la experiencia, aunque muchas no saben si se unirán para la próxima. En cualquier caso, nos vamos a la cama (¡hurra!) llenas de ilusión, y también de cansancio. A ver qué aventuras nos depara el día de mañana… 

Un saludo y un rural abrazo, camaradas.



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