Queridas lectoras,
Hoy nos ha costado un poco levantarnos, inconvenientes de habernos dormido tarde ayer. Tras desayunar viendo el amanecer por encima de un mar de niebla, nos hemos preparado para nuestra primera pedaleada. Nos hemos dividido en pequeños grupos y hemos salido con miedo pero con muchas ganas.
Comenzamos pasando por una zona poblada de polígonos industriales, y tras un ratillo llegamos a Oviedo, donde hemos subido y sobrevivido a nuestras primeras cuestas. Después de recorrer varias de las calles principales de la ciudad, y algún grupo al que se le quedaba corto, también las calles exteriores, atravesamos el parque de Invierno y llegamos a la vía verde de Fuso. Recorrimos los últimos kilómetros de la ruta y nos vimos frente a la entrada de Ribera de Arriba, que nos presentaba una imagen provocativa: a la izquierda, un caudaloso río, con sus montañas de fondo y nubes cubriéndolas. Un paisaje bastante inspirador cuando se va pedaleando, la verdad… A la derecha, las nubes son de humo y salen de fábricas industriales y la central térmica. Después de hacer un último esfuerzo, subimos al centro social del concejo.
La meta de nuestra ruta era la Escuela popular de gastronomía sostenible de la Ribera. Allí nos recibieron Lluís y Marcos, quienes también nos presentaron otros dos proyectos de los que forman parte, Gastrollar y
Bocamina. La escuela está ubicada en el Centro Social de La Caballería, en Soto de Ribera y, bajo la idea de que las personas se deben a sus orígenes y a su territorio, desde 2022 se dedican a hacer una gran labor de defensa de la cultura asturiana a través de actividades y talleres totalmente accesibles: a cocineras, vecinas y otros públicos, sin dejarse fuera a peques. Su punto de partida fue caer en la cuenta de que en este tipo de iniciativas que buscan preservar la identidad y luchar contra la desmemoria de los pueblos, la gastronomía no estaba suficientemente puesta en valor. De esta necesidad surgió un proyecto con el que buscan rescatar platos que han caído en el olvido, y para ello han recurrido a las que clasifican como las maestras de su recetario popular: sus güelas y otras mujeres del pueblo que por el boca a boca han ido conociendo. Nos ha llamado mucho la atención que cuando no conocen las recetas de los platos tradicionales de sus güelas, tratan de interpretarlos descifrando los sabores. Pero como dicen, no es una tarea fácil, el paladar no lo tenemos suficientemente educado en general. Por eso, ¡tienen bastante suerte las peques que participan de sus talleres de educación gastronómica!
Queremos destacar esta reflexión que ha hecho Marcos: «Cuando nos sumamos a la ola de residuo cero, circularidad y sostenibilidad, pensamos en el «para todos». Se nos revela la necesidad de trabajar con un sentido de responsabilidad. Tenemos que mirar hacia las clases más desfavorecidas». En la presentación de la escuela gastronómica popular, también hemos entendido que el paisaje que nos recibió al llegar al pueblo no se debe a una casualidad actual. Marcos y Lluís nos han recordado el pasado minero y proletario de esta zona de Asturias y lo que supuso para sus gentes: convivir con el polvo, ríos carboneros, pérdida de biodiversidad y condiciones extremas e insalubridad en el trabajo en las minas. Cobra sentido lo que veníamos observando de camino a aquí.
De momento solo llevamos dos iniciativas y ya nos ha llamado la atención que con distintas palabras ambas han recalcado lo siguiente: «nos dimos cuenta de que éramos los mayores enemigos de nosotros mismos. No creíamos ni valorábamos nada de lo que nos rodeaba y pensábamos que aquellos pensamientos ensoñadores a los que dedicábamos nuestras noches de insomnio eran una locura (…). Sin embargo, hoy en día la demanda está superando la oferta que logra proporcionar el proyecto”. Nosotras pensamos que tan loco no era, quizá solo era atrevido para su momento. Pero, ¡menos mal que se atrevieron! Para terminar, se arrancaron a hablar que si de fabada, que si de cachopo, que si de fabe, rollo de bonito y pasteles de verduras. Nos empezaron a sonar las tripas, y decidimos que la mejor manera de poner en práctica los consejos y principios que nos habían estado transmitiendo era ir a comer en la casa de comidas del pueblo. Cuando estábamos empezando a pensar qué queríamos pedir, nos sorprendieron con una espectacular degustación para abrir boca: reinterpretación de tortos de maíz con queso casín, torrijas con crema de caramelo y zumo ecológico de arándano y de manzana. Os lo recomendamos muchooo, y también comer en la casa de comidas Casa Lobato, a quienes por cierto, agradecemos que hayan adaptado el menú
ofreciéndonos opciones sin productos de origen animal.
Una vez entrada la tarde estuvimos descansando y hablando con las compañeras para seguir conociéndonos mejor y, la verdad, también para hacer la digestión. Previamente a la hora de cenar, avanzamos en nuestras tareas de comunicación y recibimos la visita de Patricia Álvarez, concejala del pueblo, quien nos explicó las relaciones con la presencia de una central térmica, y los cambios de la vida económica y laboral que implicó, las transformaciones demográficas y las dinámicas comunitarias dadas durante los últimos dos siglos. Al igual que cuando estuvimos escuchando a Marcos, esta historia nos permitió entender mejor el paisaje del pueblo, es decir, las relaciones de interacción que se dan entre población y territorio.
Al caer la noche disfrutamos de la última comida de la jornada y aprovechamos para recoger en una asamblea grupal, precedida por un buen jueguito, las sensaciones y experiencias que habíamos vivido estos primeros días. Como era de esperar, coincidimos en el cansancio que teníamos debido al pedaleo. Sin embargo, se mantenían intactas las ganas de seguir avanzando sobre las bicis, comunicando y aprendiendo sobre nuevos proyectos. ¡Una victoria desde cualquier perspectiva! Nos despedimos, esperamos que estéis tan expectantes como nosotras de conocer qué aprendizajes nos seguirá trayendo esta aventura.

