51,4 Km acumulados – Ibieca
Amanece en Ibieca, suenan los primeros trinos de pájaros y la tierra se dispone a empezar un nuevo día. En el pueblo están todas las
ventanas cerradas cuando se empiezan a oír unas voces saliendo del centro social. Son les Rural Forkers empezando un nuevo día.
La tierra, la protagonista de hoy, se extraña de oír nueves jóvenes en el pueblo. Ella, acostumbrada a soportar el paso lento de andares ancianos, ahora es sometida a catorce bicis atravesándola. ¡Pobre de ella! Se trata de unes jóvenes ciclistas yendo a visitar el huerto de Luis, quien les va a presentar el huerto que trabaja, como parte de la Cooperativa La sazón.
Luis es un gran amigo de la tierra, muy preocupado de su bienestar. Ella está muy contenta de que les enseñe la forma de cultivar ecológica y espera que haya mucha más gente que le imite, ya que es la forma más respetuosa de sacarle rendimiento, muy parecida a las prácticas de antaño. Sin embargo, por culpa de las nuevas prácticas de la agroindustria, esta ha sufrido sobremanera, le echan agrotóxicos sin miramientos. Los nuevos agricultores ecológicos se rebelaron por ella, manifestando que necesitaba unas prácticas mucho más sostenibles. Además, gracias a la organización de esta cooperativa, los agricultores que la integran, Félix y Nico con Ramón en Sariñena, Sergio en Murillo de Gállego y Diego en Abena, han conseguido subsistir pese a la dificultades que conlleva ser un pequeño ecoagricultor en el sistema. Cabe destacar su comercialización, muy característica, en la
que destaca la conexión directa con el cliente, a través de venta directa, cestas y un mercado semanal durante todos los jueves del año.
Mientras el sol va creciendo en posición y la tierra se va calentando, observa con gran interés a estos seres surcando con sus ruedas acercándose a un campo de trigo, donde Ramón, de la Red de Semillas de Aragón les cuenta sobre esta gran iniciativa. Gracias a esta colaboración se guarda información de la forma de cultivar las semillas, de su procedencia y del agricultor que las guardó. Además, todos los socios, mayoritariamente horticultores aficionados, se reúnen una vez al año en una feria en la que se realizan talleres y charlas para conocer nuevas variedades de semillas. Cuando ya está el sol en su culmen, se ve a estos ciclistas regresar al centro social, se dirigen a comer los alimentos que la tierra les ha ofrecido, fruto de los huertos de La Sazón. Además de frutos, la tierra tiene otras muchas cosas que ofrecer, como un refugio sombrío para echar la siesta mientras el sol va bajando y con él las temperaturas. Así, poco a poco, entre evaluaciones, aseos y baños en el lavadero se va acercando el atardecer.
Ya, al llegar la noche suenan unos cantos folklóricos que vienen de estes mismes viajeres, a la tierra le ha hecho mucha ilusión su estancia, le ha recordado a cómo vivían les antigües habitantes del pueblo, volviendose a oír entre sus piedras una nueva oda a la juventud. Se lamenta de que su corta estancia en Ibieca haya llegado a su fin.

