Día 7. Una lucha vecinal en defensa del territorio

78,6 Km acumulados – Loporzano

A las 6:20 Zulima se pasea por el salón social de Ibieca y va, saco por saco, despertando al resto. Ya se ha instaurado algo de rutina en el grupo, que va somnoliento a por sus platos y cubiertos, se sienta en las mesas y comienza un ruido que va ganando decibelios a medida que los estómagos se llenan, los platos se vacían y las anécdotas discurren entre risas.

Durante la ruta el calor aprieta, y eso que hoy se han respetado mejor los horarios y han conseguido salir algo antes. Se hace más ameno el camino inventando canciones para Beatriz o imaginando cuántas cosas pueden caber en una caja musical. Sobre las once llegan a la ermita de la Virgen del Viñedo de Loporzano, donde pasarán el resto del día y la noche. 

La ermita intuye su llegada por el camino de olivos viejos. Sus muros de piedra cobijan a les ciclistas en la sombra, que llegan exhaustas y se dejan caer bajo la parra que adorna la puerta principal. Como las temperaturas no dan tregua, vuelven a coger las bicis -esta vez sin el peso de las alforjas- y van directes a unas pozas que quedan a muy pocos kilómetros de allí. La ermita ve ir y venir a gente a menudo, es cierto que pocas veces un grupo tan numeroso de ciclistas encuentra cobijo en su puerta. A la ermita la cuida Gloria, una vecina de Loporzano que se acerca un par de días a la semana a regar sus flores y adecentar el edificio. Antes de Gloria fue su madre la ermitaña, que estuvo durante 68 años encargándose del mantenimiento del lugar. Las golondrinas también descansan bajo su techo y alimentan a las crías que acaban de romper el cascarón. Todas ellas son eslabones de una red de cuidados que mantiene vivo este rincón y ofrece un refugio en el camino. 

Después de un baño fugaz y muy, muy frío, les RuralForkers vuelven a la ermita para recibir a Maria José, Silvia y Pilar, tres vecinas de pueblos cercanos que forman parte de Loporzano Vivo, Stop Biogás y Loporzano sin ganadería intensiva respectivamente. Estos pueblos y muchos otros de Huesca son el objetivo de macroproyectos de granjas industriales de porcino y plantas de biogás. Cada vez son más los proyectos de este tipo que amenazan al medio rural, que se convierte en territorio al servicio de empresas que extraen los recursos y hacen flaco favor a las comunidades donde se asientan

Maria José, Pilar y Silvia forman parte de una lucha vecinal que lleva años ofreciendo resistencia a estas empresas y que ha conseguido parar la construcción de dos macrogranjas en el municipio. Ellas son un ejemplo de cómo la lucha desde lo colectivo consigue defender un territorio y a día de hoy siguen organizándose para hacer frente a nuevos planes de construcción de macrogranjas a escasos metros de sus casas. Y es que, lejos de tener algún vínculo con el territorio, estas empresas rigen su actividad en base a decisiones a menudo tomadas desde despachos en la ciudad, las mismas ciudades a las que exportan las producciones que generan. De la misma forma, las plantas de biogás llegan prometiendo “limpiar el aire” y olvidando que estos aires ya están limpios, que el agua -todavía- es clara y fresca y que la tierra no necesita toneladas de purines. Ellas cuentan que a menudo se sienten como David contra Goliat luchando contra estas grandes integradoras que se aprovechan precisamente de territorios despoblados que a veces no pueden oponer resistencia con sus recursos limitados.

Por la tarde, después de otra comida deliciosa, varies RuralForkers vuelven a coger las bicis para refrescarse. Esta vez la temperatura del agua resulta más agradable y permite darse hasta dos baños. Con un poco menos de calor vuelven a la ermita para ver el documental “Almenara: poniendo luz frente al odio”, un proyecto en el que ha participado Biela y Tierra junto a las entidades Madrid Outdoor Education, la asociación cántabra 14 Kilómetros, la compañía de teatro social El Mar del Norte y la cooperativa Recreando Estudio. Almenara busca fomentar la convivencia entre personas regularizadas y personas irregularizadas con el objetivo de poner fin a discursos de odio y dar visibilidad a la situación de vulnerabilidad a la que muchos jóvenes migrantes se enfrentan actualmente en el Estado español. Tras el visionado del documental tiene lugar un pequeño coloquio en el que varias de las RuralForkers comparten sus impresiones, dudas y reflexiones acerca del proyecto. Eva, una RuralForker de una edición anterior, que además participó en el proyecto, comparte su experiencia durante los diez días de convivencia y aporta algunas reflexiones que tuvieron lugar en Almenara. Algunas de las luces que esa tarde se encienden son: poner al servicio el privilegio, escuchar y preguntar. 

La ermita no enciende sus luces, al contrario, la luz que entra por las rendijas de la puerta y las ventanas se suaviza hasta dejar en penumbra el espacio. Fuera, les comensales están sentades a la mesa. Cenan rápido porque les espera una visita improvisada que ha preparado Vanesa a un antiguo molino de aceite, la kioskera de la ermita.

Esta noche, la más corta del año, muches acabarán sentades alrededor de una luz roja a las puertas del molino. Romperán en trocitos las cosas que quieren dejar atrás y desearán algo bueno para lo que viene. Se abrazarán y, poco a poco, se quedarán dormides bajo el porche de la ermita que siempre arropará a les viajeres que busquen su cobijo.



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