51,5 Km acumulados – Ibieca
El Sol sale por el este de las montañas de la Sierra de Guara. Dos días antes del solsticio, las montañas y los barrancos ven el Sol
durante mucho tiempo. Aquello que también han visto entrar pero no salir aún, es un grupo de jóvenes ciclistas, que acarician sus laderas y sufren sus cuestas. Porque, como dijo León Felipe y los valles reiteran …”¡qué pena! si este camino fuese de muchísimas leguas, y siempre se repiteran, las mismas cosas de distinta manera”. Efectivamente, no se trata de la primera vez para los barrancos, pero para la juventud viajera recorrer los 30 km de Bierge a Ibieca ha supuesto mantener una estrecha relación con el terreno: llano y que sube y baja.
Hoy en esos 30 km de viaje las laderas de las montañas de Guara, montes de leyendas ven a ciclistas manejarse con más o menos precisión. Haciendo el “huevo” (adoptar una postura redondeada y recogida para aumentar nuestro aerodinamismo y velocidad) para bajar más rápido, o peleando incesantemente con algunos cambios de piñón. Es muy importante para el barranco que les ciclistes tengan momentos de contemplación admirando la belleza de la flora y fauna, como algún tejón o ciervo. Pero, efectivamente, los barrancos de Guara también tienen algo que decir. Para empezar, no entienden cómo pueden gritar tanto; su fauna no entiende las frases hechas, y también se confunden al oír a Ana diciendo “¡Metedle piñón alto y a darle caña a tope!, pero nosotres tampoco sabemos de qué habla, cosa que nos asusta. Pero hasta hay un lado cómico en la observación de estos viajes. Una golondrinita me ha chivado que algunas de las fadas (hadas en aragonés) de Guara, hasta se habrán reído ante la escena de Edurne olvidándose el móvil en un merendero.
Aunque nuestro grupo favorito ya ha llegado a Ibieca, siguen sumidas en esta sierra. En estos pueblos se siente el pasar del tiempo. No,
en estos pueblos se lucha contra esta monotonía de un tiempo vacío. Este valle regala a nuestras Rural Forkers aguas frescas que llegan en forma de lavadero y fuente con cinco cañas donde se han refrescado cual camiseta que tenían que lavar, descubriendo las maravillosas habilidades de flota de Ada (obviamente una fada). Hasta un señor del pueblo se ha sorprendido por sus tendencias nudistas en el espacio público, pero se entiende que las pequeñas fadas no tienen esta ofensa reflejada en su código del bosque.
Pero fuentes y lavaderos a parte la sierra de Guara también es un sitio maravilloso que da el espacio y tiempo necesario como para que estas viajeras trabajen en comunicar su labor: las conversaciones interesantes que han tenido hasta ahora con personas activas en la zona. Si este barranco pudiese, destacaría la breve visita a Sandrine en Panzano, donde abrió su casa a los viajeros para que viesen su jardín lleno de esculturas que homenajean a la cultura de esta sierra, Sandrine es una hija adoptiva.
Reflexiones: el paisaje da lo que quita. AsÍ piensan los lugareños de Ibieca que entre todos comparten sabiduría y huerta. Cuánto volumen escuchó la tierra al ver a les Rural Forkers acompañar a los huertos para posteriormente acabar en el bar de la plaza, donde consiguieron menta para completar su cena gracias a su astucia, intelecto y ganas de aprender… puede ser que su reflexión de las iniciativas visitadas se viera cortada por la oportunidad de efectivamente hablar con Paco y Fede de su vida en Ibieca. Fue un día raro para la sierra de Guara, donde recuerda lo que ha perdido.

